Relatos de parejas swinger

Ella no se llama rosa, yo misma le he puesto este sobrenombre, pero su historia es tan apasionante como real. Los dos hombres se sentaron a recuperar el aliento, mientras muriel y yo hicimos un sesenta y nueve en el suelo frente a ellos, para lamernos las conchas y dejarlas bien limpias de todo rastro de semen. Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Con una gramatica repensada en la que se preocupa mas en como dice las cosas que encontar las cosas, y otra cosa, genralmente tiene pocos detalles del momento en si, se extienden mas en hambientar la historia que en contar lo sucedido.

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De paso me han dado ideas, sobre todo acerca del tipo de local para conocer y experimentar. Que no fuera mi marido.